Una telenovela y los reclamos armenios

Metin Çekmez interpretando al personaje Burhan Evliyaoğlu
Metin Çekmez interpretando al personaje Burhan Evliyaoğlu

Cuando en 2015 se estrenó en la televisión Argentina una telenovela titulada “Las mil y una noches”, producida en Turquía unos años antes, dirigentes de la comunidad armenia efectuaron críticas. ¿Cuánto de razón tenían?

2015 fue el año del centenario del genocidio de los armenios. Los reclamos se basaban en que uno de los efectos de emitir el culebrón era interferir con el recordatorio de las masacres y contrapesarlo con imágenes positivas de Turquía (como ser paisajes de Estambul y escenas cotidianas en ambientes de lujo).

Para el lector no comprometido con la cuestión las críticas podían parecer banales, pero en realidad no lo eran. El gobierno de Erdogan ya había hecho algunos arreglos para diluir el efecto del centenario del genocidio. Uno de ellos era celebrar el también centenario de la batalla de Galípoli el 24 de abril de 2015. Esa batalla duró varios meses, por lo que recordarla justo el 24 de abril no podía tener ningún otro objetivo que interferir con el otro memorial. Los representantes de cada estado recibieron invitaciones oficiales de Armenia y de Turquía para concurrir respectivamente a los actos en Ereván y Estambul el mismo día 24 de abril de 2015.

A priori, la reacción de los dirigentes comunitarios armenios no era tan exagerada después de todo.

Pero vamos al contenido de la telenovela. El culebrón respeta fielmente los códigos rígidos y los lugares comunes del género. Merece una mención la banda de sonido con fragmentos del poema sinfónico Scherezade de Rimski-Kórsakov y del Capricho árabe de Francisco Tárrega.

Los enredos de Onur y Shehrezad eluden cualquier propaganda política o social, al menos del tipo que podría causar recelo en una colectividad armenia. Los personajes no son dirigentes políticos. Para pintarlos como poderosos, el libreto los convierte en dueños de grandes grupos empresarios. Ninguno es un clérigo: la religión también está ausente. La única imagen remotamente relacionada con la religión es el tespih o rosario que está siempre en las manos del personaje Burhan Evliyaoglu y está allí para pintarlo no tanto como devoto sino más bien como anticuado. Los personajes llevan una vida sexual bastante transgresora incluso para parámetros latinoamericanos. Apenas comenzada la serie el protagonista masculino Onur induce a quien luego será su amada a prostituirse a cambio de una suma de dinero que necesita para tratar a su hijito enfermo. Sólo hay unas pocas buenas personas entre los personajes femeninos, mientras que los masculinos son casi todos tiránicos, narcisistas o de una torpeza grotesca. Se bebe alcohol y no se ve ningún velo.

Es verdad que las escenas de sexo no son jamás explícitas, el contacto físico es mínimo y no hay el menor rastro de desnudez. Esto obedece menos a la censura o autocensura turca que a la necesidad de comercializar la telenovela en muchos países con diferentes criterios de permisividad, sin exponerla demasiado a restricciones horarias por protección al menor.

No hay tampoco ningún estereotipo racial o nacional. En cambio sí se hacen concesiones autoexóticas, es decir se explotan estereotipos occidentales sobre lo oriental. Empezando por el título, porque la telenovela no tiene nada del famoso libro anónimo Las mil y una noches (en turco, “Binbir Gece”). Los productores evidentemente tenían en mente exportarla a países donde Turquía es vista como parte de una nebulosa exótica.

Todo esto permitió que la telenovela se difundiera con éxito en muchos países, incluso algunos con historias de guerras con Turquía, como Grecia, Serbia y Bulgaria.

En otras palabras, la preocupación de la dirigencia comunitaria armenia se justificaba ante la posibilidad de que el centenario del genocidio fuera tapado y desplazado por material de entretenimiento. Pero el contenido de la telenovela no era objetable a ese respecto.

La telenovela ha tenido mucho éxito y ha inaugurado una verdadera moda de telenovelas turcas. Si esta reducirá o más bien aumentará la visibilidad de los reclamos armenios, es algo que no tiene una respuesta obvia.

Es que a veces el tiro sale por la culata. El presidente turco Erdogan ha estado tratando de revivir viejos símbolos del Imperio Otomano. El actor que encarnó a Onur, Halit Ergenç, protagonizó también “El sultán” (o “El siglo magnífico”, en el idioma original “Muhteşem Yüzyıl”), donde se narra parte de la vida de Solimán el Magnífico. Pero lo que prometía ser una buena noticia para Erdogan terminó por motivar su ira y la crítica feroz de los sectores tradicionalistas. Es que en lugar de una arenga nacionalista la miniserie es una búsqueda de imágenes sensuales y exóticas, al fin y al cabo mucho más rentables. Solimán el Magnifico (los otomanos lo llamaron el Legislador) no aparece tanto arengando tropas conquistadoras como sentado frente a cimbreantes odaliscas. Esta otra miniserie apareció en Turquía en 2012 en medio de protestas y amenazas. Pronto se verá en el canal argentino Telefé.

Publicado por

Pablo Tornielli

Leyes, política, idiomas, culturas, música, literatura

Un comentario sobre “Una telenovela y los reclamos armenios”

  1. Los países que han reconocido oficialmente el genocidio armenio son: Armenia, Argentina, Austria, Bélgica, Canadá, Chipre, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Países Bajos, Noruega, Líbano, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay, Ciudad del Vaticano, Venezuela¿En Estados Unidos, lo han reconocido 42 de los 50 estados. Gran Bretaña e Israel admiten las matanzas. En 2004, tras ser nombrado Secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores, Bernardino León Gross, nos prometió que trabajaría por la causa en España, pero en el gobierno estaban muy ocupados intentando mantener su partenariado con Turquía en la ¿Alianza de Civilizaciones” y el gobierno que sustenta el PP no ha abierto la boca tampoco. Mi familia fue de las primeras que se estableció en España a mediados de los años 30, pero ahora ya, el Consejo Nacional Armenio estima entre 50.000 y 80.000 los armenios residentes en este país. ¿España no va a hacer nada?

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