Tres ambigüedades sobre San Francisco de Asís

Ilustración: Wikimedia Commons
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Pobreza franciscana

El flamante Papa Francisco ha revelado que eligió ese nombre pensando en San Francisco de Asís. El Papa Bergoglio, hombre con larga fama de austero, trae a la memoria eso de “pobreza franciscana”, aunque sea jesuita. En realidad el de Asís no era un simple austero, sino algo más parecido a un faquir. No es lo mismo usar zapatos gastados que caminar descalzo sobre nieve y espinas. Los ascetas y ermitaños medievales buscaban alcanzar experiencias místicas a través de las privaciones y el dolor, antes que transmitir un mensaje de carácter presupuestario. Pero si el malentendido contextual sirve para poner coto al lujo desenfrenado, bienvenido sea.

Rebeldía, desenfado

La película “Hermano Sol, Hermana Luna” (Zeffirelli, 1972) contribuyó a instalar una imagen sonriente, desenfadada y rebelde de San Francisco. Allí los malos de la película son los cardenales y obispos con sus capas lujosas y sus miradas torvas. Pero la Iglesia de la época no parece haber tenido tantas dificultades para aceptar a un nuevo anacoreta. Ya tenía una generosa porción de ellos en el santoral, como San Simeón el Estilita, que vivió 37 años sobre el capitel de una columna. El papado aprobó con bastante rapidez la regla de la orden franciscana. Envió a San Francisco, como en seguida veremos, a una Cruzada. San Francisco se reunió con al menos dos papas personalmente. Y fue canonizado apenas dos años después de su muerte. Luego, siempre durante la Edad Media, a la orden franciscana se le encomendaron misiones delicadas, desde la custodia de los lugares santos en Jerusalén hasta la Inquisición, que compartió con los dominicos.

Paz y diálogo entre civilizaciones

En 1219, San Francisco partió con varios de sus cofrades a Egipto, en el marco de la Quinta Cruzada. Durante el sitio de Damieta cruzó la línea de combate junto con Fray Iluminado; los sarracenos los capturaron y luego de un ataque inicial concluyeron que Iluminado y Francisco eran emisarios con algún mensaje del enemigo para el sultán. Llevado a presencia del sultán, San Francisco intentó convertirlo a la fe cristiana, sin éxito. El sultán les dio salvoconducto para volver sanos y salvos al lado cristiano. Este suceso tal vez se usará para asociar a San Francisco con el diálogo de civilizaciones. Sería un excelente uso de la anécdota, pero creo que para los cruzados San Francisco no era lo que hoy llamaríamos una prenda de paz. Hoy se procuraría un armisticio en el cual los bandos conservaran cada uno sus creencias; pero San Francisco no parecía concebir otra solución que la conversión. Si perdía la vida en el intento, hubiera muerto feliz. Del lado musulmán también había órdenes sufíes mendicantes; al sultán no debió causarle demasiada perplejidad el ascetismo de Francisco, aunque sí su audacia.

Publicado por

Pablo Tornielli

Leyes, política, idiomas, culturas, música, literatura

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