Borges y los subterráneos

Borges por Grete Stern, 1951.
Borges por Grete Stern, 1951.

Hacia 1936, la Compañía Chadopyf de Subterráneos de Buenos Aires publicaba un mensuario que se llamaba “Obra – Revista Mensual Ilustrada”. El dato adquiere un relieve especial cuando sabemos quién era su secretario de redacción: Jorge Luis Borges.

Por aquel entonces Borges tenía 36 años y ya había publicado Historia universal de la infamia, Evaristo Carriego, Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno San Martín, además de El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos, Discusión. Todavía no había escrito Ficciones, El Aleph, El libro de arena o La cifra. Todavía no era famoso en todo el mundo, pero en la Argentina ya era Borges.

“Década infame” es el sambenito de la de los años 1930′, pero las alegadas infamias de la época podían convivir con algunos hechos francamente memorables y que ojalá pudieran repetirse.

Me entero del dato a través de la página 340 de la compilación “Jorge Luis Borges. Textos recobrados (1931-1955)” (Emecé, Buenos Aires 2001-2007, ISBN 978-950-04-2952-8) donde se reproduce un texto del tercer número de la revista, correspondiente a febrero de 1936. En ese texto Borges adopta un estilo administrativo para comenzar diciendo: “La sección final del subterráneo Constitución-Retiro, de Buenos Aires, ha sido inaugurada”.

Lo literario pasa a un segundo plano en seguida, pero no sucede lo mismo con una suerte de nostalgia histórica (la llamo así porque no es la nostalgia propiamente dicha, la de alguien que ha vivido personalmente una situación y la evoca), cuando leemos:

Hay, sin embargo, otro factor que importa destacar. Más allá de la obra y de sus evidentes e inmediatos beneficios urbanos, resalta el modo colectivo de su realización. Una considerable parte del costo ha sido cubierta en el país, mediante suscripción popular. El hecho significa una evolución en nuestros hábitos económicos. Hasta ahora, los argentinos no conocían otra inversión de sus capitales que los inmuebles y terrenos de escasa renta, las hipotecas o los préstamos. // Las grandes empresas de la Argentina —ferrocarriles, tranvías, compañías de teléfonos y electricidad— suscriben sus acciones casi por entero en el exterior, por idiosincrasia de nuestra economía nacional. Esta vez, el apoyo público ha permitido la ejecución de un vasto proyecto. El nuevo subterráneo es la obra de sus propios beneficiarios, del público para quien fue construido.

Publicado por

Pablo Tornielli

Leyes, política, idiomas, culturas, música, literatura

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